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Mercredi 16 juillet 2008
De paso por Bruselas.
Vengo de una semana de Cuenta Cuentos. Aprendiendo lo básico de entender la belleza de la conversación. El intercambio de ideas, el contarse una historia, y disfrutarlo. Un mundo que quiero profundizar aún mucho más cuando toque, en un par de meses que continuará aquella aventura.

En la foto la leyenda de la fundación de Anveres. Antwerpen (Anveres) quiere decir mano arrojada. Este jovencito de la foto a la derecha, arrancó la mano a un gigante que no le dejaba atravesar el río, y la arrojó. De ahí el nombre de esta ciudad. Esta estatua en pleno centro de Anveres, nos está contando esta historia.

Debo confesar que mi mayor pasatiempo en la vida es escuchar y contar historias, sobre todo escuchar.

Justamente en una charla hoy , reafirmamos la evidencia de la vida como un espacio indefinido, que se irrumpe con la muerte. La única certeza de la vida es su extinción. La muerte siempre se ubica en el futuro, y de ahí que todos nuestros miedos se reflejan en lo desconocido que siempre está en el futuro, como la muerte. Así tendremos miedo a las religiones que no conocemos, a los animales, insectos, personas, exámenes, universos que no conocemos. Esa es la pena de vivir sólo para uno, con un triste egoísmo que nos hace dar cuenta que no sirve de nada aprender si es sólo para nosotros-.
De ahí la importancia en entrar en equilibrio con el entorno, porque sólo sintiéndose parte de él trascenderemos, y las preocupaciones se esfumaran, y aprenderemos a sentir como propias las emociones que se nos ofrecen en el mar, en la música que no sabemos componer y que nos apropiamos, en las sonrisas de otros, en la recuperación. Y olvidaremos la muerte, al menos ya no será tan importante.
par Gabriel Iriarte Rico publié dans : Escritos
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Dimanche 1 juin 2008

(Pequeña reseña de mi experiencia personal a mi clase media bien chola)


A mis 5 años y 9 meses empecé el reto de aprender a leer. Lo hice en una escuela fiscal de Fe y Alegría. La escuela "Inmaculada Concepción" ubicada en la Av. Santa Cruz y Beni en Cochabamba. Las escuelas Fe y Alegría por ese año (1986) tenían una buena reputación por contar con apoyo de la Iglesia Católica directo, aunque eran parte de la educación pública gratuita.


La mayoría de los niños que asistían a la escuela venían de clases populares. Hijos e hijas de pequeños comerciantes, algunos huérfanos, y uno que otro provenía de la clase media (éramos minoría). Pasé 5 años de mi niñez en esta escuela. Uno de mis recuerdos más deliciosos el silpancho de 50 centavos que comprábamos en el recreo. Era un platillo de plástico de desayuno de colores (morado, celeste o rojo) y que incluía una pequeña porción de arroz, dos rodajas de papas fritas, una carnesita apanada de 4 por 4 centímetros y un huevito de codorniz frito. Una delicia. Fue en aquella escuela que aprendía a leer, acto que se convertiría en mi actividad favorita sobre todo al salir de la escuelita a los 10 años.



A los 10 años comencé a refugiarme en la lectura, y conocí el individualismo (que no sabía de su existencia antes). En esa época ingresé y pasé un año en el Colegio San Agustín. Recuerdo bien el día del examen de ingreso. Nos dejaban en una sala esperando (éramos muchos) en una sala, e iban llamando uno por uno a los niños candidatos al honor de ser parte de una escuela bien reputada. Yo estaba súper interesado en poder hablar con otros niños que hacían el examen, pero la mayoría tenía una actitud de miedo extraña que en ese tiempo no comprendí. Ahora sé que es lo que se llama estrés. Tengo un recuerdo lindo de ese día de examen de ingreso. Con un niño de apellido Montaño (recuerdo bien su cara hoy) nos pasamos esa mañana cantando himnos y contando chistes de pepito (Él también venía de una escuelita fiscal). Montaño terminó siendo parte de mi curso aquel 1991. En el San Agustín no fui parte de un grupo, sino de un grupo de rivalidades mutuas, en la que podía existir amistad, pero sobre todo había competencia.

Al año siguiente (1992) mi hermano se trasladaba a otro colegio (Maryknoll), mis papás pensaban que era mejor que yo me quede en el San Agustín, pero sólo por casualidad mi mamá me preguntó "¿vos estás bien el San Agustín no?, ¿seguro no quieres cambiarte?" yo no lo dudé. Quería cambiarme. Del San Agustín, me llevé un par de amistades, y fue la primera vez que me estafaron en la vida. (Cuento a parte con lo de las figuritas de un álbum tridimensional que di a compañeros de mi curso que prometieron pagarme, sigo esperando).

Pero fue en el Maryknoll (el colegio del que salí bachiller y del que conservo la mayor parte de los llamados amigos de toda la vida) que escuché por primera vez la expresión "Cholo". Uno de los que más utilizaba esta expresión es mi amigo Jorge Choque (curiosamente de apellido bastante originario). El lo utilizaba, y creo que lo sigue haciendo en forma despectiva hacia cualquiera que parezca vulgar o de educación baja, o simplemente feo o sucio. "Eres un cholo". De ahí aprendí que se podía insultar fácilmente con la palabrita aquella. "Es su chola" por decir es su chica fea, "es una chola" "pareces un cholo" "qué cholo" (todo siempre con la connotación de ordinario o vulgar.

En mis oídos se volvió normal esa expresión. El problema es que no solo en los míos, sino en casi toda la clase media o citadina. De tal forma que en el último año que pasé en Bolivia 2006-2007. Escuché comentarios tipo: "Ahora estos cholos qué se creen pues", en alusión a la reivindicación política y de derechos que impulsa el presidente Evo Morales. E innumerables veces en la calle señores de corbata diciendo a las potosinas que piden limosna "Ahora andá pedile pues limosna a tu presidente" en una frase resumiendo su asimilación de su ignorancia, y con una facilidad enorme para ignorar cómo funcionan las familias en el norte Potosí, porqué emigran al as ciudades, ni nada, relativzando su pensamiento a la condición racial y la limpieza de las ropas. La más común expresión es "Floja andá trabajá" esta ya la decían siempre, cuando yo era adolescente y se la sigue escuchando, claro que ahora está cargada de miedo.

Pero creo que lo más grave hoy en día es lo que ocurre con nuestra divina juventud clase media orangina, proveniente de la Cato, UPB, San Simón no se salva aunque en menos proporción. En fin nuestra divina juventud cochabambina (y esto se extiende tengo entendido al resto del país en distintos grados). Lo grave de lo que hablo es que se ha convertido en una forma de distinción y de moda adolescente ODIAR AL EVO, ODIAR A LOS CHOLOS. Sin discurso, sólo odiarlos porque están de moda. Para prueba basta un click en las innumerables listas Facebook que promueven un odio desmesurado e ignorante hacia todo lo que tiene origen indígena, sobre todo si es representado por Evo Morales.
Cuando ves las fotos de los integrantes, los comentarios que dejan de los grupos dan ganas de reír y llorar. No hay un solo concepto formado, una sola idea propia. Parece una repetición sistemática de un racismo no analizado. Una frase que define bien es la que decía mi colega de trabajo hace un año "antes del Evo todos estábamos bien, los campesinos estaban bien, nosotros también" Es la muestra más grande de la poca visión. Los campesinos para ella estaban bien porque no invadían su limpia ciudad con sus sucias ropas y se quedaban tranquilos en su pobreza, falta de acceso a la educación, falta de acceso a la salud, a los servicios básicos. No es que ellos estaban bien, sino que no se quejaban. Ahora que se quejan todos estamos mal.
El Facebook es un ejemplo genial porque muestra la diferencia de acceso a una computadora en Bolivia. Los indígenas no pueden si quiera colgar un post, por que no tienen un acceso mínimo a la tecnología (si no lo tienen a la salud, peor vamos a exigir al facebook), pero nada más por ese monopolio a un medio de información la juventud cochala piensa que ya tiene razón y que todos piensan que el Evo es un cholo ignorante que no entiende nada y que no puede ni hablar. Jamás se han puesto a pensar que el acento que un indígena tiene en español viene porque el español no es su lengua de origen, sino impuesta. Y no se han escuchado ellos hablando en otra lengua con su acento chistoso en inglés que da para reír pero en el cual insisten. De ahí podemos extender y extender.

Sólo quiero llegar ahí, a los pocos que leen a veces este blog y que no están de acuerdo conmigo al menos me leerán, y quizás hasta quieran discutirlo.
Conozco desde adentro mi clase media, juventud de oro ignorante en bronce, plata, diamante y facebook.

Estoy seguro que alguien que lea este artículo  puede ser que diga.
"Que cholo".
¡Que cholo que soy!

par Gabriel Iriarte Rico publié dans : Impresiones
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Jeudi 15 mai 2008

Fue en un café en Cochabamba la primera vez que me preguntaron, ¿tú cómo visualizas el tiempo?. Entonces cogimos una servilleta y cada uno hizo un diseño de su visión del tiempo. Dibujé algo así como un espiral. No sé si sigue siendo mi visión del tiempo.
Soy un convencido que el tiempo no transcurre en las medidas que le hemos inventado con ayuda de relojes. El tiempo pasa distinto cuando estás sentado que cuando caminas, pasa de manera distinta cuando ves una buena peli de cuando esperas que el agua caliente en la caldera en invierno. O que salgan las humintas de la olla.
El tiempo no está bien medido por los relojes, pues yo llego más rápido a mis citas en bici que en cocha que me quedo 2 minutos esperando en un  semáforo. Y cuando llego a destino puede ser que el reloj diga que tardé más en la bicicleta, pero miento, y lo sé profundamente, mi cuerpo, mi mente lo saben, que es mentira.

El fin de semana fue mi cumpleaños, lo chistoso es que cuando decía la edad que cumplía (28 años) pues las caras de engañados en especial de mis compañeros de curso (promedio 23 a 24 años) parecían descomponerse; como si hubiera un engaño. Y bueno, puede que lo haya, porque tengo 28 años medidos con relojes, minutos, segundos, días, meses, áños, esas cosas que ya he dicho que son divertidas pero que no les creo naditas. Pues tal vez tengan razón, en muchas cosas parezco con síntomas más jóvenes que algunos chicos de 23 (me estrezo menos que ellos para empezar). Lo interesante de esto es que puedes vivir en realidad en supuestas varias edades. He estado y me he sentido integrado en grupos de señores de 40 cuando yo tenía 21, e igual en grupos de 19, cuando yo tenía 24, o 26. Y soy fan de jugar tonterías de revolcarse en el piso con mis sobrinos que de verdad me ven como uno de ellos cuando ellos rodeaban los 7 u 8, y yo andaba por los 20. El año pasado volvía jugar con mis sobrinos más jóvenes (segunda generación) que también anda ahora por los 8 o 9, mientras los de antes andan por los 15, y me ven con cara de extrañeza ante mi actitud.
A ver, alguna vez he sentido que sí ha pasado el tiempo. Recuerdo que a mis 20 años en una fiesta muy etiquetada se me dio por subir a una pared de unos 2 metros y saltar como lo hacía a los 6, y pues resultó que andé con una lesíon grave en la pierna por unos meses. Y sí, el tiempo pasa, pero no de una manera equitativa en los aspectos físicos, emocionales, o intelectuales. De hecho creo que en estos dos últimos el tiempo pasa, regresa, vuelve a pasar, vuelve a regresar, se va por el medio, y se transporta por donde le conviene y por donde no le conviene tanto. Físicamente, es más lineal, es cierto, pero no con medidas exactas como nos miente el reloj.

La forma del tiempo: Yo la veo en este momento por bloques, por el simple hecho de que permite ordenar acontecimientos importantes que marcan uno después de otro, pero no por minutos, es lo que pasa en nuestra vida lo que le da forma al tiempo. Y la forma del tiempo son rostros de personas queridas, son músicas que vuelven, olores de piel y comidas.

La forma del tiempo es una forma que cambia siempre, que por momentos es enorme, y por otros ligera, por momentos es pelota, y por otros libros, por momentos es aviones, o flotas, y otros bocas que te hablan, ojos que te miran que se te gravan y toman forma, la forma del tiempo.

Si una vez más esa persona que me pidió en aquel café que dibuje cómo me veo el tiempo, hoy en día, la dibujaría a ella.

par Gabriel Iriarte Rico publié dans : mastropiero
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Samedi 3 mai 2008
Quiero creer en lo que se proyecta.
Quiero creer en las tardes buscando sombra, en las tardes sin tiempo de pensar en el tiempo.
Y mientras quiero creer, creo.

Y confío tontamente en que la injusticia buscada por manipuladores disfrazados de autonomistas, en el horizonte fracasará, quisiera que fracase hoy.

...Pero, como dices, con calma construimos el amor, amor.

Sueño con contar cuentos mientras nado en una piscina, mientras estudio Control de recursos, y mientras duermo, también sueño, sueño que cuento: 1, 2, 3 cuentos, clásicos, a niños adultos, y me proyecto en mi proyecto, y todo es posible, y las fuerzas parecen sonreir, apoyarnos, pese a la razón que dice que en absoluto será como soñamos, siempre será diferente.

...Pero, como dices, con calma construimos el amor, amor.

Hoy sin embargo, tengo esta tarde con un ópera desconocida pero profunda, una taza de café, un texto de Recursos Humanos inconcluso, un brindis ya de despedida a los 27 que se me van. Un homenaje a mi virgen de Guadalupe, tan anticatólica como la veo. Y tengo tu esperanza dada sin compromiso. y todo eso me basta esta tarde, por ser esta tarde.

Y como dices, con calma construimos el amor, amor.



par Gabriel Iriarte Rico
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Jeudi 3 avril 2008
Es una frase de mi abuela citada por mi madre.
"Cuando llueve en la muerte de la luna, llueve todo el mes".  "Y siempre se cumplía su predicción", concluye mi madre.
Esta noche la luna va muriendo, para regalarnos una nueva completita en breve. Un eterno nacimiento y muerte, cada mes. Tan femenina la luna, por eso la debo amar tanto a la luna, sobre todo a la grande e iluminada que alguna vez me alumbró en un Chapare sin alumbrado público en 1990, a mis 10 años. Una hermana luna suya, también me iluminó en 1998 en Chile, en mi primer contacto con el mar, bajando esa quebrada que te lleva a Iquique, mi primer mar a mis 17, qué emoción.
Esa misma luna la vería el día que fui a la casa de Sebastían Masana en Triumbirato y Av. de los Incas, un 21 de Agosto del 2005, en Bs Aires, esa noche en que entré en los archivos secretos de Mastropiero.  Y mi luna de Montpellier. Esa que promete nacer en unos días porque esta se nos muere hoy en Bruselas. y en Cochabamba ha llovido como nunca 3 días seguidos en abril, es porque Cuando llueve en quillawañu, llueve todo el mes.
Que nos llueva fresco, que nos llueva caliente, que nos llueva bajo la luna que va a nacer
(Foto: La luna en Cocha desde mi jardín)
par Gabriel Iriarte Rico
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